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14/9/12

La Oficina


LA OFICINA



DISCLAIMER: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, las tramas son mías.
Prohibida la copia total o parcial de mis historias.



Eran las 8.30 de la mañana y entramos al estudio jurídico a trabajar. Si, Edward y yo estabamos trabajando juntos.

Necesitaba independizarme y ayudar con los impuestos a mi madre Renee, en cambio a él, le excitaba la idea de tener el control sobre mí, ya que era esa típica chica rebelde y dominante, pero ahora cumplía el rol de su secretaria y él de mi jefe, el que me mandaba.

Era mi primer día de trabajo y estaba muy ansiosa.

Me llevó a su oficina y me explico lo que tenia que hacer. El día fue bastante tranquilo, el estudio estaba lleno de secretarias y abogados, Edward y yo éramos los mas jóvenes del lugar.

Debe haber sido mi pollera negra de tiro alto ajustada a mi cuerpo, mi camisa blanca con un leve escote, zapatos negros con taco, mi rodete, mis lentes o como jugaba con la lapicera en mi boca cuando miraba por el ventanal la lluvia caer desde mi escritorio, lo que hacia que los abogados me miraran con delatada lujuria.

Cuando se hizo la hora para irnos, Edward abrió la puerta de su oficina.

—Bella, cierra con llave la puerta de entrada cuando se vayan todos y ven a mi oficina. —Me ordenó.

Lo miré confundida, pero obedecí, temía que hubiera hecho algo mal, pero estaba segura de que no. No es por alardear pero me adapto fácil a un lugar de trabajo, aunque no puedo pretender mucho en mi primer día, ni él tampoco.

Golpeé la puerta y me dijo que pasara, estaba con su traje negro que le quedaba perfecto, mirando unos papeles sin levantar la vista. Me apoyé sobre su escritorio, me gustaba observarlo mientras trabaja. Para provocarlo deje que viera mi escote, enarcó una ceja con una mirada lasciva.

Se levanto de su silla y rodeo el escritorio hasta pararse detrás de mi.

—Estuviste muy bien hoy. —Susurró en mi oído abrazandome por detrás.

—Gracias, ya lo sabia. —Respondí con arrogancia.

Comenzó a levantarme la pollera y bajo mi colaless con total impunidad.
Tirandola en el piso. Enarqué una ceja.

—¿Que carajo estas haciendo? —Lo miré con escepticismo.

Me empujó contra el escritorio donde estaba apoyada, haciendo que quedara tirada encima del mismo.

Me dio una nalgada y me queje del dolor, él empezó a reírse.

—¿Quien es el jefe? —Dijo en tono dominante.

—¡Que chistoso que eres! —Respondí con sarcasmo. Tratando de levantarme de encima del escritorio.

Volvió de nuevo a pegarme.

—¡Mierda! ¡Basta! —Grité.

—¡Responde! ¡¿Quien es el jefe? —Preguntó a grito.

—¡Tú! ¡Tú! —Dije con dolor.

Empezó a jugar con mi clítoris y a recorrer mis pliegues con sus dedos. Yo gemía y me retorcia contra el escritorio.

Sin pensarlo tiro de mi rodete con brusquedad desarmándolo.

—¡Edward, con cuidado! —Chillé.

—¡Cierra el pico! —Respondió.

Él solo se reia y seguía tirando de mi cabello con fuerza. Yo sollozaba de la excitación y el dolor que me provocaba.

Introdujo su pene en mi y con fuerza empezó a entrar y salir.

Me aferre fuerte contra el escritorio que se movía por sus movimientos bruscos y clave las uñas dejando marcas en el.

—¿Te gusta secretaria lo que te esta haciendo tu jefe? —Preguntó con dominio.

—Me encanta... —Respondí entre gemidos.

Sentía una mezcla de dolor, incomodidad y placer la forma en que me penetraba con fuerza, hacia que gritara.

Acabamos juntos, el llenándome de su semen. Pero esto no quedaría así para mí.

A los empujones rodeamos el escritorio y con fuerza lo empujé y cayó sobre la silla que golpeo contra la pared. Él me miro confundido.

Me saque la pollera y desprendí mi camisa rompiendola, los botones cayeron al piso, llevaba puesto mi corpiño negro de encaje.

Edward me miró y amagó tomarme de la cintura, me alejé y le propiné un cachetazo en la cara.

—Con mami no se juega. —Dije sensualmente.

Él se quedo quieto, sobándose el rostro. No esperaba mi reacción. Me quité el corpió y quede totalmente desnuda ante él que me miraba fijo con la boca entre abierta.

Me senté encima de él, frente a frente y nos besamos, mordiéndonos hasta sentir que nuestros labios sangraban.

Sentí como comenzaba a excitarse de nuevo, su miembro duro debajo de mi. Mordí su cuello y los lóbulos de sus orejas con violencia. Él me empujo tratando de zafarse de mi y le respondí propinándole otra cachetada en la cara, que se le marcó de un color rojo por los golpes que le daba.

Su rostro era una mezcla de dolor, ira y confusión.

Yo me reía a carcajadas e introduje su pene en mi vagina y con rudeza empecé a saltar encima de el. Agarró con fuerza mis caderas para que nuestros movimientos sean sincronizados.

Tironeaba de su cabello con fuerza, el se quejaba del dolor y me apretaba más contra el. La silla en la que estabamos golpeaba fuertemente la pared.

Cuando acabamos apoye mi cabeza contra su pecho. Nos quedamos ahí unos minutos, tratando de recobrar el aliento.

Nos levantamos y nos vestimos, lo mire y el estaba sobandose la cara, donde yo le había pegado. Me empece a reír.

—JO-DE-TE. —Articulé.

Él me miro y sin darme cuenta yo me estaba sobando mi nalga izquierda en donde el me pego.
—Para ti igual Bella. —Sonrió.

Nos empezamos a reir. Somos apasionadamente violentos supongo.

—Que desastre mi cabello, ya es cualquier cosa mi rodete. —Refunfuñé.

—Estas hermosa Bells. —Dijo con dulzura.

Esos cambios de animo que tiene me encanta. Me metí al baño a terminar de arreglarme y cuando salí él hizo lo mismo, nos pusimos nuestros abrigos y salimos del estudio.

Trabajar en pareja, en nuestro caso comienza a ser divertido.

Nos metimos en el auto y mientras lo encendía lo miré.

—Cuando quieras, la revancha. —Dije retándolo.

—Acepto. Hoy fue empate. —Dijo riéndose.

Empezó a conducir alejándonos del lugar… Si esa oficina hablara…


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